sábado, 13 de septiembre de 2025

¿Quién cuida a quienes educan? 1. Salud mental docente en Medellín: causas, consecuencias y caminos para transformar la escuela

 

Jorge Eliécer Villarreal Fernández
Representante al Comité de Convivencia Laboral de Medellín
Nuevos Maestros por la Educación 
#NuevosMaestros

La escuela debería ser un lugar de crecimiento, de encuentro, de cuidado colectivo. Pero para miles de docentes en Medellín, ese lugar se ha convertido en un espacio de desgaste emocional, presión constante y escaso reconocimiento. Y lo peor: hemos naturalizado ese sufrimiento. Lo hemos convertido en parte del paisaje educativo.

Una investigación reciente con más de 1500 docentes de instituciones públicas de Medellín, utilizando instrumentos como el GHQ-12 (Cuestionario de Salud General) y el CBP-R (Cuestionario de Burnout del Profesorado), revela una realidad alarmante: los niveles de malestar psicológico, estrés de rol y síntomas de burnout son elevados y generalizados. Pero más allá de los números, lo que emerge es una verdad que muchos docentes ya sabían desde hace tiempo: su salud mental está siendo socavada por las condiciones mismas en que ejercen su labor.

Una crisis que comienza en el cuerpo y termina en el aula

Los hallazgos muestran que el estrés de rol, alimentado por la ambigüedad y el conflicto en las funciones que se les asignan, es una de las variables con mayor peso. No saber con claridad qué se espera de ti, o tener que responder a demandas contradictorias —enseñar con calidad pero cumplir con cargas administrativas absurdas; ser innovador pero no salirse del plan; cuidar a los estudiantes pero sin apoyo institucional—, genera una presión sostenida que afecta la salud emocional, la autoestima profesional y, con el tiempo, la capacidad de enseñar.

Este estrés no solo se queda en el cuerpo del docente. Se filtra en su forma de planear, de escuchar, de mediar conflictos, de innovar, de evaluar. Un educador agotado no puede sostener con alegría ni convicción el vínculo pedagógico, y ese vínculo es el corazón de toda educación significativa.

Estilos de dirección escolar: cuando el liderazgo es parte del problema

Un hallazgo clave de la investigación es la relación entre el estrés de rol y las condiciones organizacionales, especialmente el estilo de liderazgo ejercido por directivos. En muchos casos, la supervisión directiva no es acompañamiento sino control, no es guía sino vigilancia.

El modelo jerárquico-autoritario que predomina en buena parte de las instituciones —aún más pronunciado en aquellas regidas por el Decreto 1278— configura ambientes laborales tensos, donde la toma de decisiones es vertical, la comunicación está mediada por el temor y la evaluación se convierte en amenaza. La figura del rector o rectora, en estos contextos, deja de ser un referente pedagógico y se convierte en agente de estrés.

No se trata de atacar a los directivos, sino de señalar que los estilos de liderazgo escolar importan. Y mucho. Un liderazgo dialógico, horizontal y centrado en la confianza puede mitigar los efectos del estrés estructural. Uno autoritario, basado en la vigilancia y la exigencia unilateral, los exacerba.

Intervenciones superficiales vs. transformaciones profundas

Frente a esta realidad, las respuestas institucionales han sido, en su mayoría, insuficientes y superficiales. Se ofrecen talleres de manejo del estrés, ejercicios de respiración, pausas activas. Pero no se interviene en las causas estructurales del malestar.

Es como recetar analgésicos a alguien que trabaja con una pierna fracturada. El dolor puede bajar por un rato, pero la fractura sigue ahí. Y empeora.

El papel del ente territorial: ¿quién responde por esto?

La Secretaría de Educación de Medellín —y en general, las entidades territoriales— no puede seguir viendo la salud mental docente como un problema individual o aislado. Este estudio demuestra que hay patrones sistemáticos de desgaste que están relacionados con las políticas de contratación, las condiciones laborales, la evaluación del desempeño y los modelos de gestión escolar.

Hay una responsabilidad política clara: garantizar entornos laborales saludables, no solo seguros en lo físico, sino emocional y relacionalmente sostenibles. Esto implica revisar profundamente los esquemas de supervisión, los criterios de evaluación, el exceso de carga burocrática y la precarización del trabajo docente.

Caminos posibles para una escuela más humana

A partir de los hallazgos, es urgente proponer transformaciones estructurales, no parches ni campañas de bienestar desarticuladas. Algunas propuestas incluyen:

1. Evaluaciones justas y formativas

Especialmente en el Decreto 1278, se requiere una revisión urgente del modelo de evaluación de desempeño, que hoy se percibe como un mecanismo de presión. Debe transitarse hacia evaluaciones formativas, transparentes y orientadas al desarrollo profesional, no al castigo.

2. Liderazgos escolares transformadores

Promover el fortalecimiento de liderazgos pedagógicos en la dirección escolar, basados en la escucha, la colaboración y el reconocimiento mutuo. La gestión no puede ser únicamente administrativa.

3. Políticas de salud mental integradas

Diseñar planes de salud mental integrales y contextualizados, que no se limiten a la asistencia individual, sino que modifiquen las condiciones institucionales que generan malestar.

4. Dignificación del trabajo docente

Avanzar hacia una política pública de dignificación laboral que garantice estabilidad, acompañamiento, autonomía pedagógica y mejores condiciones de trabajo. No se puede hablar de calidad educativa si los educadores viven en la precariedad o el desgaste constante.

5. Reconocer la reciprocidad profesional

Un aspecto clave que emergió del estudio fue la falta de reciprocidad: docentes que entregan todo, pero no reciben apoyo, reconocimiento ni espacios reales de desarrollo. Recuperar la reciprocidad es recuperar el sentido de la vocación.

 

Si el docente se quiebra, se quiebra la escuela

La salud mental de los y las docentes no es un lujo, ni un asunto privado. Es una condición de posibilidad para el derecho a la educación, para la equidad, para la transformación social.

Cuidar al magisterio es cuidar el futuro de Medellín.

Y para cuidarlo, no basta con “ponerle buena actitud” o asistir a talleres de yoga. Se necesita voluntad política, decisión institucional y una ética del cuidado real. La escuela solo será un lugar de esperanza si también lo es para quienes la sostienen cada día con su cuerpo y su palabra.

¿Te gustaría conocer más sobre esta investigación? ¿Organizar espacios de formación y diálogo en tu institución? Escríbenos y hagamos comunidad. En el siguiente post ampliaremos los resultados de la investigación realizada.