viernes, 4 de marzo de 2011

CHOMSKY Y LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

El lingüista estadounidense Noam Chomsky, célebre por su militancia política progresista, elaboró una lista de las “10 estrategias de manipulación” a través de los medios. Prescindiendo de las consideraciones ideológicas que Chomsky agrega, las fórmulas de manipulación que sintetiza son, en líneas generales, en forma alternativa y a veces simultánea.

Noam Chomsky

La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- La estrategia de la gradualidad.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- La estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9- Reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

jueves, 20 de enero de 2011

TRES CULTURAS FAMILIARES EN COLOMBIA 4

Texto inédito del filósofo colombiano Estanislao Zuleta

El origen de las formas señoriales se borra en la pequeña parcela donde no se hereda nada y queda sin la huella lingüística, mientras que en la gran propiedad donde se conserva la forma latifundista por herencia, el antepasado es importantísimo y la aventura nula, porque el nacimiento decide lo que uno es: si fue latifundista pues uno debe ser un latifundista, ahí no hay más que hablar. De tal manera que el nacimiento se constituye en un destino y prácticamente desde el momento en que nace uno sabe ya qué va a ser de ese señor, cómo va a hablar, cómo le van a hablar, si le van decir de tú o le van a decir de su merced, con quién se va a poder casar y con quién no se va a poder casar, a quiénes va a poder amar con un amor expresivo y a quiénes no va a poder amar más que con una pasión oculta. Todo lo que le va a pasar ya lo saben cuando lo bautizan. Cuando uno ya está previamente definido y clasificado, en el momento mismo en que pega el primer alarido ya se sabe que el espíritu que allí se genera no va a ser muy aventurero; eso es lo que ocurre cuando hay lo que los sociólogos llaman clases con muy poca movilidad, es decir, señores siervos y señores propietarios. Los siervos no se convierten nunca en propietarios y los propietarios no se convierten nunca en siervos; por tanto, lo que llaman movilidad social escasea en una cultura en la cual la forma de dominación tiende a ser interiorizada, a diferencia de la esclavitud; en la esclavitud la explotación no se interioriza; los esclavos son más libres que los siervos, porque los siervos tienen el amo adentro y los esclavos lo tienen afuera, con su látigo y todo, pero afuera; con su capataz, pero afuera. Por consiguiente, si el amo se descuida se vuelan y se vuelven cimarrones; en cambio, para el siervo el amo no se descuida nunca porque lo lleva adentro; por eso la servidumbre no se puede producir sin una previa dominación ideológica, llamada con un nombre muy conocido: religión. Por eso los encomenderos eran señores a quienes especialmente les encomendaban los indios, es decir, les encomendaban que trajeran el cura doctrinero (así lo llamaban los españoles) para que los catequizara, porque si no lo hacían, si no los convertían, como diríamos hoy, los indios no servían para siervos.

El siervo es el que tiene la explotación interiorizada, el que funciona realmente cuando lleva el amo por dentro; por tanto, es una forma de vida y de civilización en la que los principales rasgos proceden de la interiorización de la dominación. Donde había tribus con sus propios caciques, ellas mismas agobiadas de tributos, fue muy fácil para los españoles imponer una forma de servidumbre; donde no las había, hicieron lo mismo que los ingleses hicieron en Norteamérica. La diferencia no es religiosa, como algunos creen; que como los ingleses eran bárbaros protestantes mataron a los pieles rojas y los echaron a bala en lugar de mezclarse con ellos, como los católicos en su infinita bondad lo hicieron aquí en Latinoamérica. Pues los ingleses hicieron con los pieles rojas exactamente lo mismo que los católicos hicieron con los pijaos o con los aburraes o con los caribes o con todas las tribus cazadoras y recolectoras que no servían para la servidumbre: los mataron y no se mezclaron con ellos. El que no sirvió para la servidumbre fue simplemente suprimido, protestantemente allá y católicamente aquí. Fueron suprimidos y se les podía hacer guerra justa porque se los consideraba consumados apóstatas y no sólo paganos. Paganos eran los explotables, y apóstatas los irreductibles a la servidumbre; esta era la formulación teológica del problema. Por tanto, se les podía hacer guerra justa a aquellos a los que no se podían volver siervos.

De manera que tampoco se dejen despistar mucho por esas formulaciones teológicas del problema. Los ingleses explotan a la gente que pueden explotar donde la encuentran. En Norteamérica no había tribus agrícolas importantes, en la India sí las había y las explotaron bien explotadas y las dejaron en una miseria peor de la que dejaron los españoles en Latinoamérica. Algunos espíritus liberales creen que Norteamérica tuvo la fortuna de haber sido dominada por Inglaterra en vez de los bárbaros españoles que no piensan sino en el honor y no quieren trabajar; pero los hindúes tuvieron la poca fortuna de ser dominados por Inglaterra y ya los ven cómo van. De tal manera que no hay que pensar que es la psicología de los pueblos ni el carácter de la religión lo que determina la historia.

Contra lo que el doctor Indalecio Liévano Aguirre piensa, contra lo que el doctor Alfonso López Michelsen piensa, vale decir ciertamente que los sermones no son el motor de la historia y que la diferencia entre los sermones evangélicos y los sermones católicos no es la causa de las diferencias entre Norteamérica y Latinoamérica sino otras mucho más profanas. Esta tercera forma que estoy comenzando a referir se produjo en las regiones que se poblaron en forma de dominación señorial de una población aborigen ya desarrollada desde el punto de vista agrícola, y organizada, unificada y con jefes. En primer lugar, para que una tribu pueda ser derrotada se necesita que esté unida y que tenga jefes. Los pijaos no podían ser derrotados porque los caciques eran mucho más variables; cada tribu producía su pequeño líder, desaparecía y producía otro. Eran tribus cazadoras y recolectoras con un desarrollo agrícola mínimo; por eso no estaban asentadas en un espacio limitado, por eso eran móviles; migratorios crónicos, como los caribes en casi toda la costa, no podían ser derrotados y menos aún esclavizados. El problema principal de los negreros (no creo que ustedes lo hayan leído en la historia de Colombia, que se ocupa tan poco de estas cosas) era evitar el suicidio, que era uno de los costos mayores que tenían los esclavistas, tanto los luteranos como los papistas, porque muchas tribus eran gentes cazadoras y recolectoras, e inmediatamente caían en la servidumbre tendían al suicidio. El suicidio colectivo fue uno de los problemas más graves en la conquista española y el que menos se menciona porque no es de muy grata recordación, sobre todo para quienes pretenden ahora defender las ideologías que entonces justificaron aquellas acciones.

Por ejemplo, en Cuba se suicidaron sociedades enteras tomando alimentos envenenados; entre los aburraes se suicidó una tribu entera. Ven ustedes que poco servían para la servidumbre y por eso la cultura a la que me estoy refiriendo está sólo donde había una cultura aborigen desarrollada, agraria, ya organizada. Padecía, pues, 500 años de servidumbre y ese pasado es optimista. Pero creo que ustedes se imaginan, sin necesidad de tener un vuelo muy alto de su imaginación, lo que puede ocurrirle a una población para la cual la infancia —porque la infancia es el origen de nuestro carácter, de nuestro modo de ser— es la única escuela real. La estructura familiar es la escuela primordial porque no es la que enseña cosas sino la que hace el carácter, no es la que transmite conocimientos sino la que constituye el modo de ser, el modo de sentir, de pensar y actuar, de vivir el cuerpo, el amor. Imagínense la escuela que significa para una cultura en conjunto el haber pasado su infancia en una familia con un padre vencido, con un padre que diga «mi amito», con un padre que incluso puede ser desalojado. Vean ustedes la sumisión y la hostilidad que pueden combinarse a raíz de ese origen: en lugar de altivez y cordialidad, hostilidad y servilismo. Afortunadamente también hostilidad, porque en la pareja hostilidad y servilismo, lo que yo considero bueno es la hostilidad y malo el servilismo, y lo que los señores que se aprovechan de esa situación consideran bueno es el servilismo y malo la hostilidad.

Yo lo que considero bueno, meritorio y progresista en el carácter de las regiones que se formaron en la esclavitud, es la pereza, porque la pereza es una manifestación de la dignidad humana, es la manifestación de que uno cuando está interesado en hacer un trabajo tiene y por qué ser diligente, y no como las mulas, que son muy diligentes en llevar la carga aunque a ellas no les interesa nada. Los hombres afortunadamente no son mulas y por eso son perezosos, protestan contra un trabajo que no los transforma y en el cual no está su futuro. Es una protesta interiorizada, convertida en casi inercia total, que se llama pereza: es un grito de dignidad humana, que les choca mucho a los esclavistas, pero que es una buena cosa de los esclavos. Y no es nada de la psicología de ningún pueblo. Esos señores que creen tanto en la psicología de los pueblos, esos antropólogos ingleses, esos psicólogos colectivos, consideraban hace no muchos años que había pueblos perezosos, pueblos inertes, entregados a la contemplación de su propia barriga, desinteresados del mundo circundante. Y tenían un ejemplo por encima de todo: el pueblo chino. Pero pasaron 29 años, y ese ejemplo se les está volviendo inquietantemente poco perezoso, inquietantemente activo. De tal manera que la psicología de los pueblos se les cambió en una forma repentina. Ojalá les siga ocurriendo.

En nuestro caso, en Colombia tenemos una forma cultural en la cual se han desarrollado mucho, se han adherido al lenguaje, todas las configuraciones del castellano del siglo XVI correspondientes a la dominación, a la interiorización de la servidumbre. En la música han preferido todo lo que expresa el fracaso, el amor imposible, el amor lejano. El famoso pasillo lleno de colores, música de esclavos satisfechos de su esclavitud, música de siervos que han interiorizado su servidumbre, una gran cosa para llorar de pasión, un chinguis chingui chinguis lo menos musical que pueda conseguirse. Bueno, eso somos nosotros, esas tres culturas cada vez más mezcladas en la licuadora que se llama vida urbana, donde se van volviendo una sola, donde se están convirtiendo ya no en tres culturas sino en una sola clase, que es cosa muy distinta. Cali es un ejemplo como ningún otro en Colombia de mezclas, de descomposición de tradiciones cultura1es campesinas en una forma de vida que produce una cosa nueva; no es ninguna de esas tres, es otra cosa, y esa otra cosa es la que les interesa a ustedes. Este era más que todo un paseo, una diversión, un establecimiento hasta cierto punto de un método de observación que he procurado hacer en esta primera charla sin término; es un simple recordatorio del origen de las tres culturas que ya hoy llevamos casi todos dentro, que en cierto modo somos, y de cuya descomposición va a salir el colombiano de mañana. Ojalá se descompongan ligero y salga bien distinto.

miércoles, 19 de enero de 2011

TRES CULTURAS FAMILIARES EN COLOMBIA 3

Texto inédito del filósofo colombiano Estanislao Zuleta

En Antioquia la parcela genera rasgos en cierto modo contrapuestos a los que produjo el latifundio en la costa; por ejemplo, el aislamiento originario; ya les había dicho que el antioqueño es de carácter reservado y tímido. Pero también la parcela es una contradicción, por lo siguiente: porque en la misma medida en que encierra a la gente en esa misma medida la expulsa, no tiene más relaciones con sus vecinos que relaciones de compadrazgo y de linderos; su vida social es los domingos en la plaza y en la misa y se acabó; regresa al silencio parcelario, a la falta de diálogos, al empleo del mínimo lenguaje, un silencio cada vez más extraño para nosotros, que vivimos rodeados de millones de palabras a todas horas; la cultura de las vertientes es una cultura cuyo principal rasgo histórico es que fue fundada por colonos libres y no bajo la forma ni de servidumbre ni de esclavitud. La homogeneidad social que ello produce es muy notable en Antioquia en la época de finales de la Colonia, durante el gobierno de Mon y Velarde, uno de los hombres más importantes, naturalmente; un gran pensador. Él calculaba que a finales de su gobierno las dos terceras partes de la población serían propietarias de tierras, un dato muy notable; el propósito de su gobierno era tratar de lograr que toda la población fuera propietaria de la tierra e hizo una gran campaña en ese sentido, una reforma agraria de verdad, no de las de ahora. En la población que se formó de una manera tan homogénea se observa esa homogeneidad en su lingüística, que se fue desarrollando en el trato; donde hay una dominación largamente prolongada, ésta marca el lenguaje y entonces la gente dice su merced; donde hay una homogeneidad largamente prolongada la gente dice don Fulano, porque la diferenciación de clases no marcó la forma del lenguaje. Por ejemplo, en Antioquia el castellano que emplean hoy los trabajadores y el castellano que emplean los ricos es muy similar, mientras que en otras regiones, como Cundinamarca, el habla popular y el habla de la aristocracia parecen dialectos diferentes. Eso es la huella de la homogeneidad.

Otra huella muy característica de la homogeneidad que produce un tipo de estructura familiar de un pequeño propietario —un reverso negativo pero muy típico de la homogeneidad— es el regionalismo. El regionalismo es característico de una región que tiene dos rasgos: primero, una cierta homogeneidad social, y segundo, un excedente demográfico. La primera se da porque donde hay una casta señorial, una aristocracia y una servidumbre nadie es regionalista. La servidumbre porque no se siente orgullosa de sí, sino avergonzada de existir, y la aristocracia porque no se siente orgullosa de ser de donde son esos indios, sino de proceder de España o de otra parte. Esto significa que donde no hay una cierta homogeneidad social no reina el regionalismo nunca. Eso marca la literatura.

Ustedes ven, por ejemplo, la literatura de poetas que están siempre buscando la manera de escribir como algún europeo, sobre un problema que nunca han vivido ni se ha presentado en su región, y la diferencia que tiene con la forma de literatura que fue particular de Antioquia en los primeros años de este siglo y en los últimos del siglo pasado. Tomás Carrasquilla, Fernando González, etc., son gentes que escriben con cierto orgullo en su propio lenguaje, como el habla popular vuelta literatura, en lugar de un habla ultra gramatical especialmente separada de la forma lingüística del pueblo. Ven ustedes cómo se expresa la estructura económica en la forma lingüística, literaria e ideológica; es un rasgo muy característico de una región en la cual se configura la familia como pequeña propiedad, como familia patriarcal, como división natural del trabajo; se consolida, por tanto, como una familia muy firme y produce en la población grandes contradicciones: por una parte, la hace conservadora, y por otra la hace emprendedora, porque la expulsa. En la parcela todos viven aislados, a los otros no los ven sino el domingo y por tanto con pena, y se tapan la cara con la ruana, pero cuando cumplen quince años no caben porque la parcela es suficiente apenas para que la trabaje el papá, que suele tener ocho, diez hijos; las cinco hectáreas fueron buena cosa para el señor pero para los ocho hijos no son nada porque no caben ahí, entonces les toca irse; por consiguiente la parcela, al mismo tiempo que aísla, que impone limitaciones e inhibiciones, obliga a la gente a emprender la búsqueda de una nueva colonización, a fundar otra parcela, a irse para alguna parte, a buscar alguna aventura, a buscar vida. De manera que crea ese carácter tan extraño de gentes que son al mismo tiempo conservadoras y aventureras, religiosas por la estructura familiar y sin embargo jugadoras, como ocurre en el Quindío, donde la gente sale de la misa el domingo a echar dados.

Esa contradicción de la misa y el dado es la contradicción de la parcela que contiene y simultáneamente aísla y expulsa, y que es parte importante de lo que nosotros denominamos el alma colombiana; esa es la clave de la pelea con el papá, cuando a los 16 o 17 años el muchacho se vuela de la casa con su varita y su ataíto; es una pelea que tiene la particularidad de que, aunque ciertamente el hijo se rebela y no acepta más micro dictaduras, la rebelión consiste en que se va a imitar al papá; es una identificación. El hijo se va, se busca su novia de vereda y la va a tratar exactamente como el papá trató a la mamá; va a coger su parcela como el papá la cogió y peleó con su papá para convertirse él en el papá.

Esa es la pelea identificatoria del carácter de nuestras zonas de vertiente y es una forma de vida, es un carácter, es una ideología interior. Muy diferente de lo que podemos considerar como nuestra cultura costanera latifundista, donde se produce un temperamento mucho más abierto, más descomplicado, más espontáneo. Pero así como no hay nadie que lo oprima a uno desde chiquito con su gritería y con su mandonería, tampoco hay nadie a quién superar, tampoco hay nadie de quién librarse y así no hay muchas inhibiciones ni muchas aspiraciones.

En el otro sector de la cultura colombiana, es decir, del pueblo colombiano, porque yo no me refiero a las aristocracias pues las aristocracias no tienen en realidad mucha importancia cultural; el hecho de que se cojan para sí toda la plata y exploten a todo el mundo no significa que tengan mucha importancia. En el otro sector —decía— del pueblo colombiano, nos encontramos con unas regiones en las cuales la historia produce un fenómeno completamente diferente y es que el poblamiento fue señorial; allí donde los españoles encontraban a quién explotar lo explotaban, allí donde no había una población aborigen propicia a la servidumbre les tocaba poblar a ellos mismos la región; por ejemplo, en las zonas donde encontraron tribus agrarias organizadas, como en Nariño, como en la meseta cundiboyacense, en la que los chibchas organizaron una explotación de tipo servil, los convirtieron en siervos. Es una cultura de altiplanos, llamémosla así para darle una denominación geográfica inapropiada, es cierto; pero lo importante no es el nombre sino el contenido de la cosa, lo importante es que la sepamos describir bien y no que la llamemos bien; no nos obsesionemos con las palabras. Llamémosla de altiplano, o si ustedes quieren, de origen servil.

El valle es un fenómeno muy interesante y hay muchos fenómenos que no entran en estas culturas. Yo estoy hablando de los grandes rasgos de la cultura y de la vida del hombre colombiano; por ejemplo, el llanero no entra en ninguna de las tres; es un fenómeno distinto, numéricamente en Colombia no es muy importante. Los más importantes son los tres rasgos culturales que les voy a decir. Ustedes encuentran por ejemplo en Boyacá y en Nariño, a pesar de que están separados por el espacio, a pesar de que entre los dos hay culturas de ríos, de bogas, culturas propiamente costaneras, encuentran un extraño parentesco en el lenguaje, en los giros que conservan del siglo XVI, tales como el su merced y en los que expulsan el vos. El vos es una forma del vosotros, una forma del lenguaje típico antioqueño y rioplatense, es decir, vosotros sois se reduce a vos sos, se le quita la i; vosotros queréis, vos querés, se reduce el vosotros a un vos quitándole el plural y reduciéndolo en una segunda persona del singular que procede de la segunda persona del plural, a la que se le quita el carácter plural quitándole la i en la conjugación del verbo. Todas las formas en las que el castellano del siglo XVI expresa sus excepciones señoriales son expulsadas de las regiones minifundistas, porque nada tiene que hacer con la tradición y el apellido quien nada hereda. No es muy importante tener un pergamino que diga que el abuelo de uno era Fulano o Mengano si uno no heredó un pedacito de tierra; eso se le va olvidando. Lo que no se olvida es cuando además del pergamino escrito con letra muy retorcida, está el latifundio que demuestra que el abuelo en realidad era muy importante porque si no fuera por él, uno sería un indio como los otros indios, y los peones trabajan para uno porque el abuelo era importante.