martes, 18 de enero de 2011

TRES CULTURAS FAMILIARES EN COLOMBIA 2

Texto inédito del filósofo colombiano Estanislao Zuleta

¿Qué ocurrió entonces en esas zonas que habían sido pobladas por la esclavitud? Pues que se convirtieron en zonas de latifundio, de explotación por medio de peones o por medio de agregados. El agregado se diferencia del esclavo en que él mismo se consigue la “lata”; también trabaja gratis como el esclavo pero no hay que darle de comer, no es sino dejarle algún pedazo de tierra para que él mismo se levante la comida; es una institución que todavía es muy frecuente en Colombia. No hay que darle nada y en cambio trabaja gratis; el sistema del agregado es un negocio muy bueno que hoy en día se emplea mucho en las dos costas colombianas, sobre todo en la atlántica. Vivieron en poblados en lugar de vivir en parcelas, y ese es un hecho muy importante para la constitución de la familia en una comunidad originaria, y no aislados, como ocurre en Nariño, en Antioquia, en Caldas, que son mosaicos de pequeños minifundios pero donde cada familia está encerrada dentro de su propia frontera. En lugar de eso en la costa atlántica las familias están agrupadas en poblados, al igual que en la costa pacífica, en el valle del Magdalena y en el Cesar, lo cual significa que desde el comienzo viven reunidas. Esto tiene un efecto muy notable en el carácter de los costeños, y es que son de muy fácil comunicabilidad entre sí; por tal razón se tratan de tú, de hermanos, mientras que los antioqueños no saben cómo hablarse los unos a los otros: si de usted, si de vos, si de tú. Por eso, en lugar de la timidez típica del ser que procede de la pequeña parcela, tienen esta rápida comunicabilidad. Son las familias en las cuales hay menos patriarcado en Colombia; allí la mujer cabeza de familia es muy frecuente; por su familia discurren varios maridos, o a veces uno solo, pero ella mantiene un poder que se acrecienta con los años.

En la costa atlántica hay una institución incomprensible para las zonas boyacenses, por ejemplo, y es la abuela: la abuela como fuente de poder, como autoridad, no como una viejita que ya no se sabe dónde ponerla. Y es que la mujer no solamente es la base de la estabilidad, el centro de la familia, sino que tiene un poder que crece a medida que se observa su permanencia; además, muchas veces es el centro económico o la cabeza de hogar. Eso significa que no padecen los costeños una micro dictadura familiar, como la padecen los antioqueños, ni por tanto tienen que hacer lo que es clásico en Antioquia en el momento en que surge la crisis de la pubertad: la volada de la casa a los 16 años. El joven se vuela de la casa y se va «para arriba», es decir, para el Cauca, para el Valle, para Pereira; ahora los de Pereira también se vuelan, pero antes los antioqueños se volaban para Pereira. En cambio, en la costa viven sin la inhibición que significa un patriarcado mísero y dictatorial, para llamarlo por ahora de un modo poco científico pero más o menos comprensible.

Ese patriarcado produce ciertamente muchas inhibiciones; fíjense en el carácter espontáneo y directo de los costeños, en sus relaciones con el cuerpo mucho más sencillas y más espontáneas; por ejemplo con el ritmo, con el baile: no hay nadie que baile peor en el mundo que un antioqueño y nadie que baile mejor que un costeño. Ahí está una medida de la inhibición marcada sobre el cuerpo y sobre las relaciones del cuerpo con el ritmo. Claro que el antioqueño tiene muchas otras inhibiciones pero también muchas aspiraciones, mientras que el hombre de pocas inhibiciones tiene pocas aspiraciones; esa es la otra cara del asunto.

Esa confianza primordial, es decir, ese lenguaje abierto, esa espontaneidad en el movimiento y en las relaciones con el propio cuerpo, esa falta de inhibición sexual que a veces se aproxima en ciertas regiones a la perversión colectiva, al animalismo, por ejemplo, les permite recoger la música correspondiente, la música de ritmos africanos. Esto es un paréntesis, pero un paréntesis muy importante; es un paréntesis teórico que les voy a hacer para que no se vayan a despistar en esta caracterización de las tres culturas de Colombia y, por tanto, de las tres órdenes familiares. Para que no se vayan a despistar les voy a hacer un pequeño paréntesis sobre el difusionismo; el difusionismo es una forma de explicar las cosas por el contagio: en tal parte existe tal cosa porque la recibieron de África, en tal parte existe tal otra porque la recibieron de España; por ejemplo el pasillo, porque lo recibieron de la abuelita, pero son los mismos pasillos.

En otras partes existen cumbias que son del África. De todas maneras es el origen lo que se busca y no la significación; se llama difusionismo porque creen que los rasgos de las culturas se explican por la difusión o contagio. Fue típico de la religión: donde veían a un Dios que moría y volvía a resucitar, se imaginaban que tenían que haberlo copiado de otra religión donde hay un fenómeno parecido. Así por ejemplo, los historiadores de la religión se imaginaron que los centenares de casos de los dioses que mueren y resucitan todos los años tienen que haber sido contagiados por uno primordial; por ejemplo, se imaginaban al principio que Adonai era un Dios egipcio que muere descuartizado por los demás, se va a los infiernos y al tercer día resucita. Hace tres mil milenios y medio que existe esa historia.

Todos los historiadores de la religión pensaban que alguno había copiado al otro. En realidad no es necesario; todos son dioses agrarios y resurrección es el nacimiento de las cosechas y todos resucitan en primavera y todos los dioses son enterrados en el momento de la siembra. De la misma manera los antropólogos demostraron, especialmente Lévi-Strauss en un ensayo magnífico sobre artes, que los rasgos artísticos aparentemente más específicos, corresponden a cierto grado de desarrollo de la vida social y no se deben a que se hubieran conocido ni a que tuvieran ningún contacto entre sí; uno de estos rasgos conocido como desdoblamiento de la representación, que consiste en pintar el animal o la persona como si le hubieran cortado la piel y la extendieran, que no es por tanto ni de frente ni de perfil sino como desenrollando, lo tienen tribus de Estados Unidos, Canadá, centro del Africa y la China, que no se conocen entre sí. De la misma manera, en las culturas que a nosotros nos interesa estudiar, no debemos apelar al difusionismo. El difusionismo no explica nada. Una cultura tiene un determinado rasgo idiomático, lingüístico, musical, familiar, etc., porque corresponde a su organización, de manera que el hecho de que exista una música en la costa no se explica porque la hayan importado de talo cual parte; al contrario, es la sociedad, la cultura la que explica por qué pudo haber importado esa y no otra.

Por esto hay que voltear el difusionismo al revés para abandonar el irracionalismo histórico, que generalmente se esconde bajo una capa de erudición en lugar de analizar por qué en una sociedad se produce un fenómeno; se busca de dónde se importó, cuando ese no es el problema central; si se importó es porque le corresponde. Hay muchas otras cosas que entran en contacto con una sociedad, y a pesar de que se las trata de imponer, no es posible porque no le corresponden.

Por eso el cristianismo, que es una religión que corresponde a la familia patriarcal, no pudo imponerse en ciertos países africanos. Aunque los cristianos europeos dominan por milenios un país donde no existe la familia patriarcal, no pueden imponer el cristianismo, como en las patrias árabes; por ejemplo, pudieron dominar Argelia durante centurias, pero no volverla cristiana. Así sucede en las costas atlántica y pacífica porque donde la familia patriarcal no impera, el cristianismo no tiene nada que hacer. A un señor que tiene su harén en la otra pieza, hablarle de crucifixión es nulo porque no quiere oír. Eso es obvio y específico de la familia patriarcal, de una determinada estructura de la familia patriarcal. Por eso en las regiones donde la familia patriarcal es muy débil, donde el patriarca no ejerce su micro dictadura doméstica, el cristianismo no se desarrolla ni echa honda raíz colectiva. Claro que en cosas particulares sí, pero no en la vida de la sociedad; a pesar de que sea la religión confesada, la religión oficial, a pesar de que no está en competencia con ninguna otra, no hunde sus raíces en el ánimo de las gentes, no se convierte en esa obsesión particular que caracteriza, por ejemplo, a la religiosidad antioqueña.

De manera que nosotros encontramos otro rasgo de la familia no difundido sino adecuado, no importa si los rasgos que vamos a descubrir son traídos o producidos en el terreno. Los que son traídos, lo son porque corresponden a lo que la gente es, si no, ni siquiera hubiesen sido aceptados. Por eso no se dejen despistar por la falsa erudición histórica del que sabe que tal rasgo procede de tal parte, pero no qué significa; de los comparatistas que siempre saben a qué pintores del futuro influenció y de quiénes padeció la influencia, pero no saben qué significa lo que pintó, ni lo que pintaron los que aparecieron. Esa forma de crítica histórica difusionista debe desecharse para poder pensar la cosa misma, es decir, una organización especial, una estructura. Tenemos, pues, que en esa estructura costanera nos encontramos con una carencia primordial, la carencia de un patriarcado; la debilidad de esa formación familiar tiene un origen económico muy evidente: primero su historia, que procede de la esclavitud, y segundo que la familia se formalice allí donde hay pequeña propiedad, y no donde no hay más propiedad que la de los latifundistas, y fuera de la propiedad de los latifundistas hay unos peones y agregados; entonces es evidente que la familia se debilita enormemente y sobre todo que no tiene ninguna estabilidad.

La familia es una necesidad para el parcelero. En las regiones donde se funda una agricultura personal o una colonización campesina directa, la familia corresponde a la llamada división natural del trabajo, y mientras el hombre echa hacha, la mujer prepara el almuerzo, por ejemplo. De cierta manera los niños colaboran desde chiquitos y la señora con su huerta, con su cría de gallinas, se convierte en una necesidad; pero para un señor que es peón de una mina y que vive allá, si se casa no encuentra una colaboración tan clara como la que encuentra una pequeña familia parcelera; es más bien una división del suelo que se va subdividiendo a medida que le van llegando más hijos. Por eso la familia es inestable donde reina el salario, y la prostitución crece precisamente donde reina el salario y disminuye donde reina la pequeña propiedad. Es un fenómeno típico del paisaje cultural colombiano; tendríamos que hacer varios mapas de Colombia: mapas de prostitución, de delincuencia, y todos los mapas montados sobre un primer mapa: el mapa de la propiedad privada, de las formas de propiedad y de las formas de relaciones económicas.

domingo, 16 de enero de 2011

TRES CULTURAS FAMILIARES EN COLOMBIA 1

Texto inédito del filósofo colombiano Estanislao Zuleta

Voy a tratar de dar un enfoque general de la historia de la familia en Colombia. Esto es casi lo mismo que hacer una historia de la cultura colombiana, en el sentido antropológico del término «cultura» Pues bien, el problema de la familia colombiana es bastante complejo, porque nosotros tenemos culturas muy diferenciadas, abrigadas bajo unas mismas fronteras. Por ejemplo, hubo culturas que podríamos denominar caribes: es más parecida nuestra costa a la costa venezolana o a Cuba que a Boyacá; una cultura de altiplanos como Nariño, Boyacá, parte de Cundinamarca, es más parecida a la tierra peruana o a Bolivia que a la costa colombiana. Tuvimos culturas de vertiente hechas por colonos, como en Antioquia, Caldas y parte de Santander, que se diferencian mucho más profundamente por sus tradiciones, por su música, de los vecinos colombianos que de otros países latinoamericanos, como por ejemplo de un país también de pequeños propietarios como El Salvador, cafetero de vertiente, con los mismos problemas de población y de emigrantes que han tenido Antioquia y Caldas, que lo condujeron recientemente a una guerra.

Tenemos pues, digámoslo así, cobijadas bajo las mismas fronteras de un solo Estado o de una sola patria, culturas muy diferentes, culturas que tienen una formación histórica diferente o que proceden de economías diferentes, de formas diferentes de poblamiento y que produjeron en nuestra historia diferentes formas folclóricas; hay folclores costaneros de los grandes ríos y las costas marítimas parecidos al folclor afrocubano, con los mismos atuendos de nuestras vertientes, y hay también otro folclor de las altiplanicies. Pero así como tenemos esas tres grandes culturas, porque nosotros no podemos hablar de una cultura colombiana, así también tenemos tres configuraciones de la familia en Colombia, según su historia. Hablemos primero de una cultura de vertientes; así la han llamado algunos escritores colombianos para referirse a la cultura antioqueña, caldense y en gran parte también santandereana; una cultura costanera, aunque cobija gran parte del río Magdalena porque está en las planicies bajas, y una cultura de altiplanos donde una densa población aborigen fue dominada por una casta señorial. Démosle esa expresión ahora que comenzamos a explorar sus diferencias y sus características, y la manera como ella configuró una forma de familia y por tanto una psicología, un temperamento, un lenguaje, un folclor.

La cultura costanera procede de una forma económica que es la esclavitud. La esclavitud es una forma de explotación económica que se caracteriza, entre otras cosas, por ser enemiga acérrima de la estabilidad familiar en todas las partes donde ha ocurrido. Al señor esclavista le interesa la fuerza de trabajo activa, no los costos improductivos; por tanto, compra la fuerza de trabajo a la edad próxima a la producción y no le importa su reproducción.

Los sistemas esclavistas se caracterizan porque no tienen una forma de reproducción, esto es, porque no se reproducen a sí mismos; necesitan una importación continua de fuerza de trabajo extraña, sea por guerras, como en Grecia y en Roma; sea por compra o por cacería, como lo hicieron los estados cristianos de los siglos XVI, XVII y XVIII al atraparlos en África y realizar una importación masiva y continua que duró tres o cuatro siglos; como la servidumbre es la que se reproduce y la esclavitud no, se requiere una continua fuerza de trabajo en venta o en cacerías o en guerras. Por eso todos los estados esclavistas fueron en la antigüedad estados en guerra permanente: necesitaban un movimiento continuo de nueva fuerza de trabajo. ¿Para qué? Para mantener a bajo costo el esclavo. En cambio, la inversión que consiste en mantener una familia para que se reproduzca ya no se justifica; por tanto, da lo mismo que el tipo sea siervo, que se mantenga a sí mismo con su propio trabajo y que le entregue al Señor apenas unas horas del día o unos días de la semana, como era la costumbre.

La esclavitud no se reproduce, por lo que la familia bajo el régimen esclavista es más inestable que la de cualquier otro régimen. En el momento en que se suprime el ingreso de trabajo esclavo, entra en crisis el régimen económico de la esclavitud. Una parte de nuestro país tiene en su historia una enorme influencia de la configuración esclavista, debido a que la esclavitud es un producto de exportación; frutos de plantación tropical cosechados en Jamaica, en Haití, en Cuba, en todas las costas caribes, se exportaron a los mercados europeos, porque estaban vecinos a los centros de exportación, a los mares, a los ríos; por tal razón, la región costanera fue poblada por una gran cantidad de fuerza de trabajo esclava.

La crisis de Roma se debe fundamentalmente a que los bárbaros ya no eran objeto de una importación continua de fuerza sino más bien un peligro militar, de la misma manera que la crisis griega se origina en que los griegos ya no eran capaces de someter a gran parte del Asia Media a su propio sistema de explotación esclavista. Además, ya había visto Platón desde su propio tiempo que la civilización griega se encontraba en serio peligro, precisamente por la misma razón. La esclavitud entra en crisis siempre que se dificulta la importación de fuerza de trabajo esclavista. En el siglo XIX las gentes africanas comenzaron a escasear, lo que generó tal encarecimiento del precio de los esclavos en el sur de Norteamérica, en las colonias españolas e inglesas y en las repúblicas latinoamericanas, que muchos prefirieron pagar un salario bajo que comprar un esclavo.

En el momento, y eso no es edificante pero hay que decirlo claramente, en el momento en que la esclavitud dejó de ser buen negocio, la idea de la libertad se puso de moda. Entonces las religiones que habían convivido durante cuatro siglos alegremente con la esclavitud, descubrieron que su idea del hombre, de la dignidad humana era tan alta, que resultaba incompatible finalmente con la esclavitud. Pero sólo lo descubrieron cuatro siglos después de haber convivido con la esclavitud. Lo descubren exactamente en el momento en que se hace un mal negocio, cosa poco edificante.

Hegel había sostenido en su filosofía de la historia universal hasta qué punto era benigna, favorable, la institución de la esclavitud, en sí misma mala, pero históricamente necesaria. Mala para el hombre, pero para el hombre que esté suficientemente desarrollado, y buena para que se desarrolle. Había sido claramente explicado por los teólogos como consecuencia inevitable del pecado original, había sido fuertemente defendida por todos los pensadores clásicos del liberalismo, sin excepción, que habían condenado como un atraco contra la libertad de comercio la prohibición de la esclavitud, porque el hombre era un ser libre, libre de vender y compra lo que quisiera, por ejemplo esclavos, y por tanto era un atentado contra la libertad humana, es decir, comercial, porque el hombre el comerciante son la misma cosa para el pensamiento liberal; la prohibición de la esclavitud era un atentado contra la libertad humana. Finalmente los liberales, los protestantes, los católicos, diéronse todos cuenta que la esclavitud era una cosa indigna de la naturaleza humana en el momento en que dejó de ser un buen negocio; todos descubrieron que era incompatible esa institución con su alta idea de la dignidad humana. Y entonces se acabó la esclavitud en Norteamérica y en Suramérica; en el Brasil duró un poco más, pero finalmente también se acabó.

Se acabó la esclavitud ciertamente, y como ustedes saben, no siempre con el buen ánimo de los esclavos, que se veían arrojados a un mercado de fuerza de trabajo donde la comida era mucho más imprevisible que en la esclavitud misma, por lo que muchos de los esclavos protestaban. Alegaban fidelidad, amor a sus amos y sobre todo su horror al mercado de fuerza de trabajo; solicitaban el servicio de seguir siendo esclavos, pero no lo lograron. La abolición de la esclavitud no fue una medida tan heroica como hoy la adjudican a ciertos próceres, como a José Hilario López y antes a Bolívar; los españoles ya la habían decretado, con tal que los esclavos los apoyaran en la guerra de Independencia. Era una medida mucho más comercial y menos heroica y menos ideológica de lo que parece, por lo que se adoptó en todas partes más o menos al mismo tiempo; en todas partes se encontró al gran profeta de la libertad.

martes, 28 de diciembre de 2010

¿DE QUÉ SIRVE EL PROFESOR?

UMBERTO ECO

En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate)

(Traducción: Mirta Rosenberg)

Cómo copiar (bien) de Internet

Umberto Eco

Wikipedia: para los que no lo sepan, se trata de una enciclopedia en línea escrita directamente por el público. No sé hasta qué punto una redacción central controla las contribuciones que llegan de todas las partes del mundo, pero es verdad que cuando he tenido la ocasión de consultarla sobre argumentos que conocía (para controlar una fecha o el título de un libro), la he encontrado siempre bien hecha e informada. Claro que eso de estar abierta a la colaboración de cualquiera presenta sus riesgos: algunas personas se han encontrado en sus páginas asociados a acciones reprobables que no habían hecho. Naturalmente, protestaron y el artículo se corrigió.

Wikipedia tiene también otra propiedad: cualquiera puede corregir un artículo que considera equivocado. Hice la prueba con el artículo Umberto Eco: contenía un dato biográfico impreciso, lo corregí y desde entonces el artículo ya no contiene ese error. Además, el resumen de uno de mis libros incluía lo que yo consideraba una interpretación incorrecta, dado que decía que «desarrolla» una cierta idea de Nietzsche mientras que, de hecho, la contesto. Corregí «develops» con «argues against», y mi corrección también fue aceptada.

El asunto no me tranquiliza en absoluto. Cualquiera, el día de mañana, podría intervenir otra vez sobre este artículo y atribuirme (por espíritu de burla, por maldad, por estupidez) lo contrario de lo que he dicho o hecho. Además, dado que en Internet circula todavía un texto donde se dice que yo soy Luther Blissett, el conocido falsificador (incluso años después de que los autores del truco Blissett llevaran a cabo su buen coming out y se presentaran con nombre y apellido), podría ser yo tan socarrón como para dedicarme a contaminar los artículos que conciernen a autores que me resultan antipáticos, atribuyéndoles falsos escritos, transcursos pedófilos, o vínculos con los hijos de Satanás.

¿Quién controla en Wikipedia las correcciones de los textos? ¿O actúa una suerte de compensación estadística, por la cual una noticia falsa antes o después se localiza? El caso de Wikipedia es, por otra parte, poco preocupante con respecto a otro de los problemas cruciales de Internet. Junto a sitios absolutamente dignos de confianza, hechos por personas competentes, existen sitios completamente postizos, elaborados por incompetentes, desequilibrados o incluso por criminales nazis. Y no, no todos los usuarios de la Red son capaces de establecer si un sitio es fidedigno.

El asunto tiene una repercusión educativa dramática, porque, a estas alturas, sabemos ya que los estudiantes evitan consultar libros de texto y las enciclopedias y sacan las noticias directamente de Internet. Tanto, que sostengo desde hace tiempo que la nueva y fundamental asignatura que hay que enseñar en el colegio debería ser una técnica de selección de información de la Red. El problema es que se trata de una asignatura difícil de enseñar porque a menudo los profesores están en una condición de indefensión equivalente a la de sus alumnos.

Muchos educadores se quejan de que los chicos que tienen que escribir un trabajo de clase o, incluso, una tesina universitaria, copian lo que encuentran en Internet. Si lo hacen de un sitio poco creíble, cabe suponer que sus profesores detectan su impostura.Pero es obvio que sobre algunos temas muy especializados es difícil establecer inmediatamente si el estudiante dice algo falso.

Pongamos que un estudiante elija hacer una tesina sobre un autor muy, pero que muy marginal, que el profesor conoce de segunda mano, y se le atribuya una determinada obra. ¿Sería capaz el docente de decir que ese autor nunca ha escrito ese libro? Lo podría hacer sólo si por cada texto que recibe (y a veces pueden ser docenas) emprende un muy cuidadoso control sobre las fuentes.

No sólo el estudiante puede presentar un trabajo que parece correcto (y lo es) pero que está directamente copiado de Internet mediante el juego del copia-pega. Soy propenso a no considerar trágico este fenómeno porque también copiar bien es un arte que no es fácil, y un estudiante que copia bien tiene derecho a una buena nota. Por otra parte, también cuando no existía Internet los estudiantes podían copiar de un libro hallado en la biblioteca: el asunto no cambiaba tanto (salvo que implicaba más esfuerzo manual). Y, por último, un buen docente se da cuenta siempre cuando se copia un texto sin criterio y se huele el truco (repito, si se copia con discernimiento, hay que quitarse el sombrero).

Ahora bien, intuyo una forma muy eficaz de aprovechar pedagógicamente los defectos de Internet. Planteen ustedes como ejercicio en clase, trabajo para casa o tesina universitaria, el siguiente tema: «Encontrar sobre el argumento X una serie de elaboraciones completamente infundadas que estén a disposición en Internet, y explicar por qué no son dignas de crédito». He aquí una investigación que requiere capacidad crítica y habilidad para comparar fuentes distintas, que ejercitaría a los estudiantes en el arte del discernimiento.